Al integrase a un interior, las cosas adquieren una familia: de inmediato, su singularidad resalta, y sus múltiples historias - relacionadas con su aspecto, materiales, manufactura, lugar y ocasión en que fueron encontradas o recibidas - crean un microcosmos que añade aún otro estrato a los ya de por sí excesivos del interior
— El reino artificial. Sobre la experiencia kitsch. Celeste Olalquiaga. p.202-204