La danza de los tiempos sepultados
Ya es extraño -y significativo- que una biblioteca consagrada a las “ciencias de la cultura” se dotara de un cierto número de libros sobre geología y palenteología. Y más extraño aún es encontrar en medio de la sección “Antropología” la obra clásica de Ferdinand von Richthofen sobre la “geografía física” y la “geología”. Descubrimos en ella la dinámica de los fenómenos de erosión, los “plegados de capas” geológicas (Schichtenfaltungen), la dialéctica de las largas duraciones y de las modificaciones catastróficas de la corteza terrestre, cosas todas que la “sismografía” warburgiana estaba presta a recoger (…)
Y se comprende mejor por qué el libro de Richthofen se sitúa, en los estantes de la Kutlruwissenschaftliche Bibliothek Walburg, en alguna parte entre la sección dedicada al inconsciente -sueños, símbolos, psicopatología- y la dedicada a la memoria de los gestos, es decir, a las Pathosformeln.
Las fórmulas del pathos, según Warburg, no son en efecto, otra cosa que movimientos fósiles. La antropología y la paleontología manejaban ya esta noción, puesto que Armand de Quatrefages había hablado en 1894 de “hombres fósiles” o fósiles vivientes” no tardó en convertirse en un lugar común del vocabulario de biólogos y prehistoriadores. Nuestros ancestros no nos preceden en líneas contínuas, ni siquiera en arborescencias genealógicas que se pudieran remontar por simples bifurcaciones, sino en capas quebradas, en estratos discontínuos, en bloques erráticos. Las genealogías, como las geologías, tienen siempre que sufrir el contratiempo de los seísmos, de las erupciones, de los diluvios y otras destrucciones catastróficas.
Pero Warburg, como de costumbre, no cesó de poner en movimiento, de desplazar, sus propios modelos teóricos: apenas acaba de verterse el paradigma geológico en el genealógico -o el antropológico- cuando nos volvemos a encontrar ya en el terreno de la psique. Warburg, en efecto, hablará de Leitfossil sobre todo para evocar la supervivencia en tanto que memoria psíquica susceptible de Verköperung, de “corporeización” o de “cristalización” gestual. Para explicar un tiempo estratificado en acción en el presente mismo de los movimientos expresivos. (…)
Los tiempos supervivientes no son tiempos desaparecidos, son tiempos enterrados justo bajo nuestros pasos y que resurgen haciendo tropezar el curso de nuestra historia. En este tropiezo resuena todavía -etimológicamente- el término síntoma.
Georges Didi-Huberman, La imagen superviviente, Historia del Arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg. Págs 302 - 305.